Existen varias formas en que la alteración de los ecosistemas puede
exacerbar las enfermedades infecciosas. Por ejemplo, estamos invadiendo cada
vez más los bosques tropicales que
albergan innumerables especies de animales y, dentro de ellos, virus
desconocidos y potencialmente nuevos. Cuando perturbamos y estresamos estos
ecosistemas y especies, corremos el riesgo de liberar virus de sus anfitriones
naturales, los cuales pueden saltar a los humanos.
Por ejemplo, el VIH posiblemente cruzó de los
chimpancés a los humanos en la década de 1920 cuando los cazadores los mataron
y se los comieron en África. En el sudeste asiático, EL VIRUS Nipah surgió de los murciélagos
debido a la intensificación de la cría de cerdos. En la Amazonia, otro estudio demostró que un
aumento en la deforestación de alrededor del 4 por ciento incrementó la
incidencia de la malaria en casi un 50 por ciento, a medida que los mosquitos
transmisores de la enfermedad prosperan en áreas recientemente deforestadas.
Estas enfermedades pueden
traer consecuencias catastróficas. La pandemia del COVID-19 ya está causando
una trágica pérdida de vidas y podría costar a la economía global billones
de dólares.
La conexión entre la vida silvestre, las enfermedades y las personas no
es nueva. Sin embargo, las enfermedades emergentes se han cuadruoplicado en los
últimos 50 años, en gran parte debido a la fragmentación del hábitat, el uso de
la tierra y el cambio climático. La perdida de
bosques impulsada por la tala, la minería, las carreteras, la expansión
agrícola, la rápida urbanización y el crecimiento de la población, acercan a
las personas por primera vez a las especies animales. Es probable que surjan
enfermedades, tanto en entornos urbanos como
naturales, debido a la mayor proximidad entre las personas, la vida silvestre,
el ganado y las mascotas. La contaminación también puede aumentar la
susceptibilidad a las infecciones virales y bacterianas.
Es probable, además, que los virus y otros patógenos se trasladen de
animales a humanos en los mercados informales, que proporcionan “carne” fresca a las personas. Se
cree que el mercado donde
se vende productos frescos y carne en Wuhan fue el punto de partida de la
pandemia del Covid-19.
La crisis climática también ha cambiado y acelerado los patrones de
transmisión de enfermedades infecciosas como la malaria. La OMS estima
que el aumento de la temperatura global de 2-3ºC aumentaría el número de
personas en riesgo de malaria en alrededor de un 3 a 5 por ciento. El cambio
climático también está minando los
determinantes sociales y ambientales de la salud, incluido el acceso de las
personas al agua potable, especialmente a las comunidades más pobres y
vulnerables
Proteger la
biodiversidad y el clima también implica proteger nuestra propia salud
América Latina y el Caribe posee el 40% de la biodiversidad del mundo. Este capital natural nos proporciona bienes y servicios vitales como el agua dulce que bebemos. Los pagos por
servicios ecosistémicos pueden promover la reforestación, reavivar la actividad
económica y mejorar el manejo forestal. Las soluciones basadas en la naturaleza
también juegan un papel critico en la
confrontación de la crisis climática a través de la captura de carbono y
proporcionando barreras a los peligros naturales relacionados con el clima.
Sin embargo, actualmente no estamos haciendo lo suficiente para proteger
el capital natural. A pesar de los numerosos beneficios para las personas y la
economía, cada año la región pierde la mayor covertura de arboles a nivel mundial debido a la expansión de la
frontera agrícola. Se siguen tomando decisiones con poca consideración de las
consecuencias para la biodiversidad.
Proteger la naturaleza y garantizar el uso sostenible de los recursos
naturales podría ayudar a prevenir la
próxima pandemia. La combinación correcta de proteger la naturaleza, el uso
sostenible de los recursos naturales y educar a las comunidades locales sobre
los peligros de las enfermedades zoonóticas podría desempeñar un papel
importante en el desarrollo sostenible con importantes beneficios colaterales
para las personas, la biodiversidad y el clima.
Asimismo, hay oportunidades para catalizar los servicios de capital
natural en la región. Las soluciones basadas en la naturaleza y la
biodiversidad son importantes para el desarrollo exitoso de medicamentos para
nuevos tratamientos. Se estima que entre 50.000 y 70.000 especies de plantas se cosechan para la medicina tradicional o
moderna, mientras que alrededor del 50% de los
medicamentos modernos se han desarrollado a partir de productos naturales que
están amenazados por la cosecha insostenible y la pérdida de biodiversidad.
Los programas de bioeconomía pueden apoyar la investigación y el
desarrollo de estos medicamentos, al tiempo que incentivan la protección de la
biodiversidad. El Laboratorio del capital natural del BID apoya mecanismos para invertir en
empresarios de bioeconomía mientras que garantiza que las poblaciones indígenas
locales, que manejan y poseen estos recursos, sean compensadas por el uso de
material genético local.
El hecho de que tantas personas disfrutaran de videos (ya sean
verdaderos o no) que muestran la vida silvestre regresando a áreas dominadas
por humanos ilustra cómo las personas quieren creer en el poder de la naturaleza para recuperarse. Sin embargo, nuestra
destrucción e interrupción de la naturaleza está aumentando la probabilidad de
más pandemias. Si no nos enfrentamos a la crisis climática, protegemos la
biodiversidad y usamos los recursos naturales de manera sostenible, seremos
nosotros quienes lucharemos por recuperarnos de consecuencias a menudo
trágicas.
BY: AITZIBERTH KATHLEEN LANDABURU
Arquitecta - Perito Avaluador RAA – Realtor
internacional
Gerente A&C SANTANDER
Architecture is not just an intellectual
exercise, it is an emotional experience.

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